¿Y si la maravilla se convierte en pesadilla? Internet de las cosas IoT está caminando en el filo del desastre.

Imagina que un fabricante, digamos que asiático, desarrolla un producto conectado a Internet basado en opensource. Cómo no existe un estándar, ni regulación, podrá sacar su producto al mercado manteniendo un nivel de compatibilidad mínimo, y en el nivel de madurez de desarrollo que le plazca.

Hasta aquí todo correcto, lo habitual. El mercado es soberano y decidirá si la escasez de horas de desarrollo se justifica con un precio bajo.

Si las grandes empresas hubieran previsto el éxito de las redes sociales, ahora serían de pago y excluyentes entre sí, y por tanto no tendrían el nivel de implantación que tienen las actuales.

El problema vino cuando a alguien se le ocurrió hacer una estimación del mercado futuro del Internet de las Cosas (IoT). Aparecieron PowerPoints como churros en todos los consejos de administración de las grandes corporaciones, con unas previsiones de mercado billonarias. La estrategia estaba clara, hay que conseguir la mayor cuota esclava del mercado. Y como resultado de estas estrategias, son las informaciones que circulan sobre la solución IoT ofrecida por cada empresa que promete ser la definitiva. Obviamente, no es así, y las previsiones se han incumplido año tras año. No parece que tenga lógica que la solución IoT impuesta provenga de un fabricante de software, una empresa de telecomunicaciones u otra de automoción.

Sin duda, es una tendencia tecnológica en alza y con gran proyección, pero creo que es conveniente explicar bien en qué consiste y que aportará, para tener claras las expectativas y elegir la solución adecuada en el momento oportuno.

El instituto de Tecnología de Osaka ha desarrollado un nuevo pegamento seco que puede revolucionar la fabricación de coches y teléfonos inteligentes.

La mayoría de los pegamentos parte de estado líquido para solidificarse, o bien son sólidos que necesitan calentarse para convertirse en lo suficientemente viscosos para penetrar en la superficie y garantizar una buena unión. Gracias a Suyiji Fujii y su equipo del instituto de Tecnología de Osaka, se ha descubierto un nuevo producto que parte de estado sólido y se convierte en pegamento simplemente aplastandolo.

¿Es Internet de las Cosas (IoT) una burbuja? Por un lado se dice que su crecimiento va a ser explosivo e inminente, por otro el sentimiento de los que estamos en esto es “bueno… ya se verá”. En la pasada feria CES de la Las Vegas, referente de la industria, no se apreció que realmente el crecimiento vaya a ser explosivo, ni mucho menos inminente.

IoT va despacio

Lo que realmente tenemos ahora son gadgets para el primer mundo. Objetos que no solucionan realmente problemas, nada que no estuviera resuelto antes y que a duras penas están en las “listas de deseos” de los compradores, ni mucho menos en los “carritos de compra”. Además su impacto está reducido al primer mundo. Y ni siquiera a todo el primer el mundo, en España no hay apenas introducción (considerando España perteneciente al primer mundo, claro)

En un reciente informe de B.I. sobre cómo IoT afectará al mundo en los próximos años se dice que IoT es la nueva revolución industrial y que cambiará la forma en la que empresas, gobiernos y usuarios interaccionan con el mundo físico.

Desde mi punto de vista la clave está en la interacción con el mundo físico, es realmente allí donde queda mucho recorrido. Por eso no me sorprenden las cifras que se manejan respecto al crecimiento de IoT hasta el año 2020:

  • 34 billones de dispositivos conectados a internet, de los cuales 24 billones serán IoT y 10 billones dispositivos tradicionales (smartphones, wearables, tablets, etc.)
  • Se va a invertir cerca de 6 trillones de dolares en los siguientes 5 años.